Datos Biográficos
Obras:
Trinchera de luz
Serenata por Gilito
Gatos
Caridades
El Molino
Poeta y escritor. Nació en San José, Entre Ríos, el 16 de septiembre de 1941. Cursó los primeros años de estudio en el Colegio Niño Jesús de su ciudad natal y completó el ciclo primario en el Colegio San Agustín de Buenos Aires. Avezado lector, la vida lo encontró desde muy joven expresándose a través de la poesía, y ya lanzado a la aventura de las letras, vivió algún tiempo en la fronteriza localidad de Los Andes, en Chile. En la década del ´70 algunas colaboraciones suyas fueron publicadas en el diario Clarín. Y en septiembre de 1979 su obra "Bajo los Puentes" obtuvo la segunda mención en el Festival de los Juegos Florales de Entre Ríos, realizado en la ciudad de Colón. Igual premio obtuvo también al año siguiente en la ciudad de Gualeguay con la obra "Romance de las siete cuerdas", composición ésta dedicada a su amigo Linares Cardozo.
En 1981 publicó, junto al poeta Alfredo Jorge Maxit, el libro "Entre Tierra y Canto".
Como "letrista y decidor" -según una definición que le es propia- integró el grupo musical Memoria de los Pueblos, desde los inicios de la formación y hasta que en 1991 decidió alejarse, luego de varios años de actuación e importantes reconocimientos.
En 1995, la Asociación Cultural El Patio del Poeta publicó "Heredades de Niebla" , obra que fue reeditada en 1999 por el Municipio de San José, con el agregado de otros poemas, prólogo de Enrique Jorge Martí, ilustraciones de María Elena Fernández de Williman y el ensayo crítico "Apuntes para la Poética de Walter Ocampo" de Alfredo Maxit.
Actualmente se desempeña como Coordinador del Área de Cultura de la Municipalidad de San José.
Trinchera de luz
(Poema dedicado a la Biblioteca Popular General Urquiza,
con motivo de su 90° Aniversario, -24 de Abril de 1994-).
A mi niño, a los niños:
amen este lugar, vértebra esencial
para mentener un pueblo en pie
Donde un leve rocío
se ha volcado torrente.
el trazo libertino
de sensuales poetas
viste el hábito polvo
del tiempo anacoreta.
La historia se aglutina
en arcones foliados.
Grita su olor a encierro
un Pascal intocado
donde goza su furia
hambrienta una polilla.
Y la araña engolilla
algún tomo sagrado.
Bulle el recinto insomne
cuando el bibliotecario
determina la noche,
de un giro carcelario.
Y practica otros mundos
de distinta locura.
La luz arma su fiesta,
cunde en la sala oscura.
Freud salta y simula
ser mono de organillo,
Caperucita surce
los viejos calzoncillos
de Morgan el Pirata.
Alfonso x, El Sabio,
habla y mete la pata
en un diálogo ardiente
con la Bella Durmiente.
Rafael los retrata.
Cuelga Homero en su barba
a los 7 Enanitos,
Cervantes rompe lanzas
con el Patoruzito.
Ver a Los Miserables
con Víctor Hugo en andas,
mil reyes degollados,
culebras algebraicas...
Y Cortázar echando
cuentos como pañuelos
en un aire de barro
con un suelo de cielo.
Pablo poeta El Grande
con su mano de azúcar
empareja Los Andes.
El otro Pablo Inmenso
que mareó el arco iris
corre escupiendo flores
que remasca Platero,
Platero, Burro Entero,
entre sabios doctores.
Día de éstos, hurgamos
tu arsenal colorido
por el disfraz que tenga
un ardid cerrajero,
la dosis de sigilo,
un duende compañero
para poner en vilo
al flaco del llavero.
Entraremos callados.
Llevaré unas letrillas
ínfimas como éstas,
cantadas a la orilla
de un arroyo lejano.
El duende en una mano
un rayito de luna
que beberemos todos
brindando por la vida
cuando suene a maitines
la campana atrevida.
Vos, pequeño artesano
de la fresca inocencia,
al tiovivo académico
le colgarás tu ciencia
de palabras infieles
a todo diccionario.
Cuánto reirá Nebrija
con la suma prolija
de tu vocabulario.
Montados en pegaso
correremos la historia
como bajo una lluvia
de flores y metales.
Irás desenredando
complejas geografías;
yo, apenas evitando
las estatuas triviales.
Cuando, esfumado el duende,
volvamos a la calle
reiremos de otro modo,
de otro modo amaremos.
Al flaco de la llave
le daremos las gracias
porque en su biblioteca
esconde un sol inverso
que mitiga en los hombres
la sed de ser eternos.
(Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).
Serenata por Gilito
Subiste por la cuerda y la madera
hasta la flor de alguna melodía.
Y prendido como una enredadera
a una reja te halló la luz del día.
Ojos de fuego en largas trasnochadas
no los besó el amor, duende escarlata.
Tu sangre por alcohol adulterada
desbordó su pasión en serenatas.
Cada noche fue un río cadencioso,
cada estrella, un farol en tu escenario.
Cada ventana, un hueco interminable
para enterrarte, amante solitario.
Así fuiste tejiendo tu derrota,
¡ Ay! nocturno zorzal de pueblo chico.
Y por ruidos molestos una noche
del brazo te llevaron los milicos.
La moneda cansada de tu canto
arrimó a los boliches su destino.
En la noche más cruel de los recuerdos
la perdiste en el trueque por un vino.
Tu guitarra se ha roto hace ya tiempo,
tu garganta se agota en un murmullo.
Sueña Gilito, sueña que esta noche
el ventanal del cielo es todo tuyo.
(Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).
Gatos
Cuando echa el cielo su limosna blanca
en el sombrero de mi pueblo quieto,
las pupilas rasgadas de los gatos
se hinchan de noche y sexo.
Por los dardos del grito
mojados en el agua del deseo
transcurre una contienda
hasta que el día
la sume en un pelaje soñoliento.
(Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).
Caridades
Creí no conocer alguien más fiel
que los zapatos de los muertos.
Dos mansas bestias lisas
que se echaron con él.
Poco a poco los fue deshabitando.
La nada, lentamente,
la casi, casi nada
se volvió casa y cuerpo del hombre.
Vacíos e inodoros buscaron regresar,
vuelta al camino con ojos cenicientos.
Mendigo viejo gasta en las veredas
un par de mocasines
de luto deslustrado.
Ahora hasta las pantuflas
les ponen, muy infames,
los cuernos a sus muertos
con cualquier pata pobre.
Ciertamente
la caridad ha comprendido
que hacer bandera no es difícil
con los zapatos de los muertos.
(Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).
El Molino
Patriarca recoleto
del pan y la paciencia.
Gigante envejecido sin quijote,
un responso de aspas
hincha su vientre quieto.
El pertinaz barreno de carcoma
con una burla de humedad y tiempo
le ha engendrado
la última molienda.
Arriba,
el viento agita sorprendido
una increíble cabellera verde.
Y el molino es un árbol,
inmenso árbol de fe sobre el paisaje.
(Publicado en “Entre Tierra y Canto”, 1981).