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Biblioteca Popular General Urquiza         logo-facebook-f5  

25 de Mayo 1833  -  E3283ADC  -  San José  -  Entre Ríos

 

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Walter Ocampo
Celia Pellenc
Celia Vernaz
Héctor Guionet

Walter Ocampo

 

 

 

 

Datos Biográficos

Obras:

          Trinchera de luz

          Serenata por Gilito

          Gatos

          Caridades

          El Molino

             

 

 

 

Poeta y escritor. Nació en San José, Entre Ríos, el 16 de septiembre de 1941. Cursó los primeros años de estudio en el Colegio Niño Jesús de su ciudad natal y completó el ciclo primario en el Colegio San Agustín de Buenos Aires.  Avezado lector, la vida lo encontró desde muy joven expresándose a través de la poesía, y ya lanzado a la aventura de las letras, vivió algún tiempo en la fronteriza localidad de Los Andes, en Chile. En la década del ´70 algunas colaboraciones suyas fueron publicadas en el diario Clarín. Y en septiembre de 1979 su obra "Bajo los Puentes" obtuvo la segunda mención en el Festival de los Juegos Florales de Entre Ríos, realizado en la ciudad de Colón. Igual premio obtuvo también al año siguiente en la ciudad de Gualeguay con la obra "Romance de las siete cuerdas", composición ésta dedicada a su amigo Linares Cardozo.

En 1981 publicó, junto al poeta Alfredo Jorge Maxit, el libro "Entre Tierra y Canto".

Como "letrista y decidor" -según una definición que le es propia- integró el grupo musical Memoria de los Pueblos, desde los inicios de la formación y hasta que en 1991 decidió alejarse, luego de varios años de actuación e importantes reconocimientos.

En 1995, la Asociación Cultural El Patio del Poeta publicó "Heredades de Niebla" , obra que fue reeditada en 1999 por el Municipio de San José, con el agregado de otros poemas, prólogo de Enrique Jorge Martí, ilustraciones de María Elena Fernández de Williman y el ensayo crítico "Apuntes para la Poética de Walter Ocampo" de Alfredo Maxit.

Actualmente se desempeña como Coordinador del Área de Cultura de la Municipalidad de San José.

 

 

 

 

 


 

 

 

Trinchera de luz

 

 

(Poema dedicado a la Biblioteca Popular General Urquiza,

con motivo de su 90° Aniversario, -24 de Abril de 1994-).

 

 

 

A mi niño, a los niños:

amen este lugar, vértebra esencial

para mentener un pueblo en pie

 

Donde un leve rocío

se ha volcado torrente.

el trazo libertino

de sensuales poetas

viste el hábito polvo

del tiempo anacoreta.

La historia se aglutina

en arcones foliados.

Grita su olor a encierro

un Pascal intocado

donde goza su furia

hambrienta una polilla.

Y la araña engolilla

algún tomo sagrado.

Bulle el recinto insomne

cuando el bibliotecario

determina la noche,

de un giro carcelario.

Y practica otros mundos

de distinta locura.

La luz arma su fiesta,

cunde en la sala oscura.

Freud salta y simula

ser mono de organillo,

Caperucita surce

los viejos calzoncillos

de Morgan el Pirata.

Alfonso x, El Sabio,

habla y mete la pata

en un diálogo ardiente

con la Bella Durmiente.

Rafael los retrata.

Cuelga Homero en su barba

a los 7 Enanitos,

Cervantes rompe lanzas

con el Patoruzito.

Ver a Los Miserables

con Víctor Hugo en andas,

mil reyes degollados,

culebras algebraicas...

Y Cortázar echando

cuentos como pañuelos

en un aire de barro

con un suelo de cielo.

Pablo poeta El Grande

con su mano de azúcar

empareja Los Andes.

El otro Pablo Inmenso

que mareó el arco iris

corre escupiendo flores

que remasca Platero,

Platero, Burro Entero,

entre sabios doctores.

Día de éstos, hurgamos

tu arsenal colorido

por el disfraz que tenga

un ardid cerrajero,

la dosis de sigilo,

un duende compañero

para poner en vilo

al flaco del llavero.

Entraremos callados.

Llevaré unas letrillas

ínfimas como éstas,

cantadas a la orilla

de un arroyo lejano.

El duende en una mano

un rayito de luna

que beberemos todos

brindando por la vida

cuando suene a maitines

la campana atrevida.

Vos, pequeño artesano

de la fresca inocencia,

al tiovivo académico

le colgarás tu ciencia

de palabras infieles

a todo diccionario.

Cuánto reirá Nebrija

con la suma prolija

de tu vocabulario.

Montados en pegaso

correremos la historia

como bajo una lluvia

de flores y metales.

Irás desenredando

complejas geografías;

yo, apenas evitando

las estatuas triviales.

Cuando, esfumado el duende,

volvamos a la calle

reiremos de otro modo,

de otro modo amaremos.

Al flaco de la llave

le daremos las gracias

porque en su biblioteca

esconde un sol inverso

que mitiga en los hombres

la sed de ser eternos.

 

(Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).

 

 

 

 

 


 

 

 

Serenata por Gilito

 

Subiste por la cuerda y la madera

hasta la flor de alguna melodía.

Y prendido como una enredadera

a una reja te halló la luz del día.

 

Ojos de fuego en largas trasnochadas

no los besó el amor, duende escarlata.

Tu sangre por alcohol adulterada

desbordó su pasión en serenatas.

 

Cada noche fue un río cadencioso,

cada estrella, un farol en tu escenario.

Cada ventana, un hueco interminable

para enterrarte, amante solitario.

 

Así fuiste tejiendo tu derrota,

¡ Ay! nocturno zorzal de pueblo chico.

Y por ruidos molestos una noche

del brazo te llevaron los milicos.

 

La moneda cansada de tu canto

arrimó a los boliches su destino.

En la noche más cruel de los recuerdos

la perdiste en el trueque por un vino.

 

Tu guitarra se ha roto hace ya tiempo,

tu garganta se agota en un murmullo.

Sueña Gilito, sueña que esta noche

el ventanal del cielo es todo tuyo.

 

 (Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).

 

 

 

 

 


 

 

 

Gatos

Cuando echa el cielo su limosna blanca

en el sombrero de mi pueblo quieto,

las pupilas rasgadas de los gatos

se hinchan de noche y sexo.

 

 

Por los dardos del grito

mojados en el agua del deseo

transcurre una contienda

hasta que el día

la sume en un pelaje soñoliento.

 

(Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).

 

 

 

 

 


 

 

 

Caridades

Creí no conocer alguien más fiel

que los zapatos de los muertos.

Dos mansas bestias lisas

que se echaron con él.

 

Poco a poco los fue deshabitando.

La nada, lentamente,

la casi, casi nada

se volvió casa y cuerpo del hombre.

 

Vacíos e inodoros buscaron regresar,

vuelta al camino con ojos cenicientos.

 

Mendigo viejo gasta en las veredas

un par de mocasines

de luto deslustrado.

 

Ahora hasta las pantuflas

les ponen, muy infames,

los cuernos a sus muertos

con cualquier pata pobre.

 

Ciertamente

la caridad ha comprendido

que hacer bandera no es difícil

con los zapatos de los muertos.

 

(Publicado en "Heredades de Niebla y otros poemas", 1999).

 

 

 

 

 


 

 

 

 

El Molino

Patriarca recoleto

del pan y la paciencia.

Gigante envejecido sin quijote,

un responso de aspas

hincha su vientre quieto.

 

El pertinaz barreno de carcoma

con una burla de humedad y tiempo

le ha engendrado

la última molienda.

 

Arriba,

el viento agita sorprendido

una increíble cabellera verde.

 

Y el molino es un árbol,

inmenso árbol de fe sobre el paisaje.

 

 

(Publicado en “Entre Tierra y Canto”, 1981).

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

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